Nunca he disfrutado haciendo deporte. Pese a ser bastante disciplinado en general y reconocer perfectamente los beneficios de estar en forma, siempre me ha supuesto un esfuerzo que no era capaz de incorporar de forma natural a mi día a día. Como el resultado a largo plazo sí me compensaba, en 2016 contraté a Ginés como entrenador personal. Sé que nunca seré un gran deportista, pero desde entonces he conseguido algo mucho más útil para mí: mantener una rutina adaptada a mis necesidades y obtener los beneficios que buscaba.
He recuperado un vídeo de 2021 en el que estoy haciendo dominadas. En esos segundos estoy sufriendo y cansado. Mi cuerpo me está diciendo que ya está bien y, desde donde estoy —literalmente colgado de la barra—, mi percepción es bastante sencilla: hasta aquí hemos llegado, acaba con esta tortura. Pero Ginés lo ve de otra forma. Me conoce, ha visto cómo entreno, sabe cuándo realmente no puedo más y cuándo soy yo quien ha decidido que no puede más. Y además tiene algo que en ese momento yo no tengo: otra perspectiva. Justo cuando estoy a punto de rendirme dice: “venga, dos más salen”. Después de casi 1.000 entrenamientos, muchos a las 7 de la mañana, se ha creado esa relación de confianza que hace que, si él me dice que pueden salir dos más, probablemente sea posible aunque mi cabeza diga que no. Y salen.
Vídeo original del entrenamiento, 2021.
Ahora, en 2026, veo bastante paralelismo con lo que puede ocurrir en un proceso de coaching. No porque un coach esté para decirte lo que tienes que hacer, ni para empujarte permanentemente un poco más lejos porque sí, sino porque cuando estamos metidos dentro de un problema, una decisión o un momento profesional complicado nuestro campo de visión se hace pequeño. Vemos el cansancio, el riesgo, las veces que lo hemos intentado y no lo hemos conseguido, las dudas, el miedo… y dejamos de ver algunas posibilidades. Ahí puede aparecer alguien que te conoce, en quien confías y que está mirando la situación desde otro sitio. No para decirte que puedes con todo, sino quizá para ayudarte a descubrir que puedes con algo que tú ya habías descartado.
A veces será afrontar una conversación pendiente, ordenar ideas, tomar una decisión que llevas meses aplazando, considerar una perspectiva que no habías contemplado, identificar una creencia que te está limitando o simplemente ver un siguiente paso que, desde donde estás, no alcanzabas a ver. Igual que hacer un entrenamiento aislado no produce un cambio real, el coaching también es un proceso: durante unos meses el cambio se va produciendo a través de la implicación, el compromiso, la constancia, la vulnerabilidad y la disposición a revisar cosas que quizá llevamos tiempo evitando. También exige atreverse a cuestionar creencias y juicios propios, que no siempre es cómodo.
Invertimos con bastante naturalidad en un profesor de idiomas, un entrenador personal, un nutricionista o un máster cuando queremos avanzar en algo concreto. Sin embargo, nos cuesta bastante más pensar en invertir en ampliar nuestra mirada cuando lo que está en juego es nuestra carrera profesional. Yo mismo hice dos procesos de coaching, en 2011 y 2015, y ambos me ayudaron a ganar claridad para tomar decisiones importantes en momentos distintos.
¿Quién ha sido para ti esa persona que alguna vez vio “dos más” cuando tú ya habías decidido que no podías? Y si ahora mismo estás en uno de esos momentos profesionales en los que notas que das vueltas sobre lo mismo, quizá no necesites que alguien te diga qué hacer, sino una conversación que te ayude a ver algo que hoy no estás viendo. Si te resuena, hablamos.
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